En medio de Santiago centro, El Mesón ha sabido ganarse el cariño de sus clientes y de paso, ofrecer una gran gama de cervezas artesanales.
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Patricio Toro, “Don Pato” o “Patito”, como lo llaman sus clientes, es el dueño del Mesón Beer Garden. Una persona cálida que, dentro de su sencillez, nos explica cómo ha logrado posicionar su negocio, ubicado en pleno centro de la capital, en Paseo Bulnes.

En un proceso lento, que comenzó hace 17 años, El Mesón Cervecero pasó de ser un restaurante de comida casera a ser unos de los bares más cercanos y representativos de la cultura cervecera en el corazón de Santiago. Conversamos con Patricio sobre su historia, sus anécdotas y de las cervezas, que son la clave de su éxito.

¿Cómo se generó ese giro desde un restaurante de comida casera a un bar cervecero?

Éramos un típico restaurante familiar, ofrecíamos colaciones a la hora de almuerzo. Después, durante la tarde, mis papás empezaron a vender cervezas industriales, schop de Becker. Por distintas razones, en ese momento no tuvo mucho éxito. Hasta que en un momento yo me quedé sin trabajo y mi papá me dijo: ven a vender cerveza en la tarde. Yo no tomo nada de alcohol, él debió haber pensado que yo me iba a aburrir y me iba a ir. Pero le puse esfuerzo y constancia. Empecé a buscar las típicas cervezas del momento: Escudo y Cristal. Hoy en día mi perspectiva ha cambiado, estamos a años luz de lo que éramos antes, pero me sirvió como aprendizaje.

Empezamos a transmitir partidos, ahí hicimos un público muy grande y empezamos a vender cerveza de litro. Yo no conocía las marcas. En esos años comencé a escuchar de Heineken. Todavía no era muy famosa en Chile. Era un poco más cara, así que la traje y la vendí un poco más caro, en comparación a las otras para probar. A la gente le gustó, encontró que era de mejor calidad. Después seguí con Paulaner, Royal, Budweiser.

Justo en ese momento me empezó sonar la fiesta de la cerveza en Malloco, “Octoberfest”. Era como el segundo o tercer año que se realizaba. Fui con mi papá a ver salidas de schop, no tenía idea con lo que me iba a encontrar. Uno de los proveedores con los que conversamos mucho fue Rothhamer, que estaban recién comenzando, al igual que nosotros. Yo te hablo de los inicios de la cervecería artesanal en Chile. Yo comencé a comentarles a los clientes que se venía este nuevo producto. Salieron dos schops y el resto se vendió prácticamente solo, muy rápido.

Cuando los clientes volvieron a pedirla, yo dije: esta cerveza es buena. Empezamos con una Golden, hasta que tuvimos 5 líneas con ellos. Pasó el tiempo y pensé en la variedad, así que trajimos a Tübinger, Capital, Kross, que fue una de las primeras que llegó a bares importantes.

Uno de los pasos más importantes que di fue comprarme mi propia máquina, y eso marcó una diferencia. Hasta que logré tener 17 líneas con máquinas propias y así la independencia de decidir por mí mismo lo que yo quería vender en mi local. Después logramos el sueño de la cámara de frío. Hoy somos el tercer bar con más salidas de barril en Santiago.

¿Qué consideras esencial para lograr el éxito en un bar cervecero?

Uno debe preocuparse por la calidad de su negocio. Que sea una real experiencia, con la copa de la cerveza especializada y con el posavasos, que la comida esté bien, que te atiendan bien. Para nosotros es gratificante cuando la gente nos dice que lo pasan bien aquí y te abrazan. Eso es impagable.

¿Cómo definirías la identidad de El Mesón?

Pienso que es muy importante ser cercano con los clientes, es un consejo que siempre doy. No mirar a la gente como un mero ingreso de plata. Si vienen al Bar un viernes que está repleto, me doy el tiempo de hablar con ellos. Los restaurantes son como la vida, tiene altos y bajos. Uno va a ver a la gente triste, contenta, les das una palabra de aliento.

Es un bar que es parte de la ciudad, en el centro, de barrio. Hay gente que lo encuentra parecido a los bares de Valdivia: cercano y ameno. He visitado otros bares con tantos recursos, pero que no se preocupan del corazón del negocio. No son cercanos con la gente.

¿Cómo eliges qué cervezas vender?

Nosotros nos guiamos más por el mercado, viendo todos los bares que hay, estando atentos a las novedades. Además, ya hemos logrado posicionarnos en el mercado, al punto que han venido a venderme cervezas de todo Chile. Los maestros cerveceros saben que nuestro bar se mueve.

Lo otro, es traer marcas y ver si la gente las acepta. Si no las acepta, buscamos más opciones. Todo en relación con la alta demanda que estamos teniendo, por ejemplo, nos dimos cuenta de que a nuestro público le gusta mucho la cerveza de Valdivia. También hemos abierto la carta a las variedades importadas. Aquí se vende mucho, también, Czechvar de la república Checa, y Kross .

¿Le gusta tener una dinámica de cercanía con los dueños de las cervecerías?

Sí, converso con ellos, tenemos almuerzos, reuniones. Siempre somos cercanos con los maestros cerveceros y los dueños de las cervecerías. Porque entre el proveedor y el distribuidor tiene que haber una cercanía para conversar las cosas, sobre todo si algo sale mal.

Tú no tomas alcohol ¿Cómo ha sido el proceso de aprendizaje sobre cervezas?

Uno tiene que ir aprendiendo, mirando, viendo lo que dicen los clientes. Hay gente que sabe mucho de cerveza, vienen al local y comenzamos a conversar. Siempre con humildad al momento de aprender, porque si eres dueño de un bar tienes que saber de cerveza, la gente espera eso de ti. Los mismo con nuestros garzones, tenemos que capacitarlos. Es un aprendizaje constante.

¿Qué se viene para este 2019 en el Mesón?

Nuestra meta para este año es que la barra se extienda a 30 líneas y hacer algunos arreglos estéticos, ampliar y remodelar el baño de mujeres. Pero sin perder la esencia del Mesón, porque las cosas del mesón tienen su historia.

El Mesón Beer Garden: Paseo Bulnes 367, Santiago.
LUNES A MIÉRCOLES 
18:00 A 00:00 
JUEVES A VIERNES 
18:00 A 00:30